sábado, abril 13, 2024
Opinión

Felipe Olave, el empresario maltratador

Felipe Olave, el cuestionado empresario investigado por la Fiscalía por graves delitos (tráfico de inmigrantes y lavado de activos), ahora resultó denunciado por acoso y maltrato laboral por parte de sus propios empleados.

Olave, quien actualmente promueve la construcción del que será el edificio más grande y moderno de la ciudad, con capacidad de albergar a aproximadamente dos mil trabajadores, ha sido descrito por sus excolaboradores como un individuo narcisista que ha generado un ambiente laboral tóxico e inhumano. Un antiguo miembro de su equipo de Professional Consulting Services S.A.S. relata un episodio particularmente revelador: «Llegó gritando, nos insultó gravemente y nos despidió en el acto», describiendo cómo Olave acusó al personal de traición sin aportar evidencia alguna.

La hostilidad parecía ser una constante en su gestión, con incidentes que van desde obligar a los empleados a mostrar el contenido de sus neveras en videollamadas —alegando que deberían estar agradecidos por tener algo que comer— hasta lanzar un zapato a un trabajador por un error menor. Estas acciones no solo evidencian un desprecio por la dignidad humana, sino también una alarmante desconexión con los principios básicos de respeto y equidad laboral.

La situación laboral en la empresa de Olave contrasta drásticamente con su imagen pública, la de un empresario exitoso y financiador de campañas políticas locales. Este contraste subraya la urgencia de una intervención efectiva por parte de las autoridades laborales, las cuales deben atender las denuncias de los trabajadores despedidos injustamente y garantizar la aplicación de la ley.

En Colombia, el maltrato y el acoso laboral están expresamente sancionados por la ley. La Ley 1010 de 2006 establece mecanismos de protección para los trabajadores contra el acoso laboral, definiendo este como toda conducta persistente y demostrable, ejercida sobre un empleado por parte de un empleador, un jefe o superior jerárquico inmediato o mediato, un compañero de trabajo o un subalterno, encaminada a infundir miedo, intimidación, terror y angustia, a causar perjuicio laboral, generar desmotivación en el trabajo, o inducir la renuncia del mismo.

La comunidad empresarial y la sociedad en general deben tomar conciencia de casos como el de Olave, recordando que ningún grado de éxito financiero puede justificar el abuso o el trato indigno hacia los empleados. Este caso no solo resalta la importancia de adherirse a la legislación vigente, sino también de cultivar una ética laboral basada en el respeto mutuo y la dignidad. Es crucial que las autoridades actúen con determinación para asegurar que se haga justicia y fomentar una cultura empresarial que valore y respete a cada individuo, promoviendo así un entorno laboral saludable y justo para todos.

Germán Hernández Vera
El principal temor de los corruptos es el periodismo imparcial.