martes, mayo 21, 2024
Opinión

“Por favor no me mate”

Munch, en su cuadro El Grito, jamás imaginó lograr plasmar la ansiedad, el miedo y la angustia del ser humano. Lo traigo a colación en este artículo porque es lo que imagino cuando pienso en todas esas voces que hoy pretenden hacer ruido para ser escuchadas, para visibilizar su dolor, su angustia, su desasosiego, sus noches de insomnio, de tristeza, de lágrimas y que se convierten en eso, en una imagen que no emite ningún sonido, que solo causa angustia, comentarios lastimeros, pero nada más.

Y es que en eso se convierten los días de las personas abusadas, de las víctimas, de las madres que buscan a sus hijas desaparecidas, de los padres a los que se les derrumba la vida tras no encontrarlas o tras recibirlas destrozadas en cuerpo y alma, de las familias y amigos que angustiosamente empiezan un camino sin salida del que no se tiene retorno, un camino que no se elige y cambia sus vidas para siempre.

Pasan los días en los que se busca, se camina, se indaga y con ellos aumenta la desesperanza y el dolor, pero también los casos de feminicidios, cada llamada a reconocer un cuerpo, cada reportaje publicado por la prensa aumenta la incertidumbre.

Y es que en países como Colombia ese es el pan de cada día, noticias de mujeres y niñas maltratadas, violentadas, violadas, abusadas, desaparecidas o encontradas muertas, inundan nuestras redes sociales y se convierten en la primera página de periódicos y en titulares de los noticieros. Son tantas noticias que los lectores van perdiendo su capacidad de asombro y las van normalizando, al punto de creerse con el derecho a opinar sobre situaciones de las que no tienen ni idea. “Cada quien obtiene en la vida lo que merece, de acuerdo a sus actos”, “Se dejan deslumbrar y creen que por su velleza controlan el mundo entero metiendose con cualquiera solo por su dinero en ambaos lados se equibocaron uno por dejar su familia y por el otro lado una chica llena de caprichos .tanta vuelta q se le da a este tema.. viendo que hay millones de niñas 2.3 4 .5 que aun no le han hecho justicia que tristeza…”

Las cifras son desalentadoras y hasta tenebrosas. En el 2022, según el Observatorio Colombiano de Feminicidios, en el país se registraron 612 casos, tan solo 10 menos que el año anterior, siendo abril el mes en el que se presentó un mayor número (62) y el Valle del Cauca el departamento en el que más feminicidios ocurrieron, (95), seguido por Antioquia (88) y Bogotá (82) respectivamente, el Huila sumó 10 casos.

Se trata de cientos de mujeres asesinadas, cuyas edades oscilaban entre los 5 y 50 años, predominando las edades entre 21 y 28 años, mujeres y niñas cuyas familias no se explican qué o porqué sucedió, en qué momento inició esta terrible pesadilla.

El informe añade que 206 mujeres fueron asesinadas al interior de sus viviendas, la mayoría víctimas de sus parejas o excompañeros sentimentales. Además, entre las violencias más frecuentes se señalaron: la violencia física, la muerte con sevicia, la exposición pública del cuerpo, el acceso carnal, la desaparición y el asesinato en presencia de menores de edad.

Los hechos narrados, las declaraciones, lo descubierto por las autoridades encargadas de investigar estos casos son escalofriantes, casos donde se calculó y premeditó cada movimiento, otros, donde simplemente fueron asesinadas o violadas por hechos circunstanciales de momento y lugar, se encontraban cerca a sus asesinos o abusadores sin conocerlos, pasaron por algún lugar donde se encontraban como depredadores esperando su presa.

Un caso aberrante

Esta semana tuvimos una noticia que conmocionó al Huila y al país entero. Tuvo lugar en Pitalito, esta vez su protagonista fue una niña de tan solo 10 años, inocente, cargada de sueños y sonrisas.

Esperanza Luna, madre de la menor, sumida en el llanto, narra que María Camila le pidió que “por favor no me mate”, ella era una niña feliz que siempre “tenía una sonrisa para todo”. Así era, dulce, tierna, la alegría de una familia humilde que tristemente fue asesinada luego de un intento de abuso y tras presentar resistencia su agresor, un hombre que no conocía y que aprovechó que la puerta de su casa estaba abierta.

Dicen los testigos que el agresor ingresó, intentó abusar de la niña y tras verse descubierto la apuñaló por la espalda y luego hizo lo mismo a su abuelita que se encontraba en el lugar y que hoy se encuentra en una Unidad de Cuidados Intensivos, sin conocer lo que le sucedió a su nieta.

El agresor fue capturado horas más tarde, escondido bajo un puente en Pitalito. Las primeras investigaciones indican que el sujeto había salido de la cárcel hacía tan solo dos días, donde purgó una pena por abuso sexual violento.

Sí, es abusador. Entonces no se entiende cómo una persona que claramente es un peligro para la sociedad sale de nuevo a las calles a continuar haciendo daño. Es ahí donde volcamos la mirada al Estado y pensamos en cuál es su responsabilidad frente a estos hechos, qué hicieron por ese hombre en la cárcel, será que tuvo el tratamiento adecuado para estar de nuevo en las calles sin vigilancia alguna.

 ¿Pueden devolverse a la sociedad estos personajes genética o psicológicamente predispuestos para hacer daño?, nadie se quiere hacer cargo, ni las familias, quienes serían los responsables directos son los primeros en hacerlos a un lado, la sociedad los excluye, el Estado los ignora, y no es que pretenda defenderlos, es solo que si es un problema social y de salud pública debe estar en las agendas nacionales, es un problema que debe tratarse, empezando por agudizar las penas, sin derecho a rebajas, y terminando con tratamientos mientras se encuentran purgando su condena.

Pero es complejo, no nos escuchan, no nos ven, normalizaron todo lo que nos sucede, las mujeres que son víctimas de feminicidio, como todos los otros delitos cometidos contra ellas, entran a una larga lista que solo engrosa eso, las cifras y porcentajes en nuestro país, y todos leemos y observamos estas historias, allá, como una telenovela, nos convertimos en espectadores, emitimos juicios lastimeros, lo comentamos con nuestros cercanos, nos parece triste, pero en realidad nos duele.

 ¿Qué hacemos para evitarlo, cómo ayudamos a las víctimas, a sus familias? No, no hacemos nada como sociedad corresponsable de lo que sucede, pasa el día y nos concentramos en otra noticia, la de moda, preferimos no involucrarnos, creemos que estamos bien y que eso no nos toca, hasta que le sucede a alguien cercano y nos toca vivir en carne propia semejante dolor.

María Camila en su inocencia, Valentina Trespalacios con su energía juvenil, la profe Erika Cuadros -a la que aún se define si fue o no feminicidio por ser un aparente robo- Jackeline Álvarez, Gina Paola Bocanegra, Yared Pomares, Melisa Toro, Mariana Rueda, Angélica Treco, Jeidy Herrera y Dora Victoria Ortiz, son las mujeres que en lo corrido de este año han sido asesinadas y sus procesos están siendo tipificados como feminicidios, son 9 hasta la fecha en 29 días, la mayoría en Antioquia, sin contar los tantos casos que contienen circunstancias que la ley Colombiana analiza para tipificar pero que terminan siendo encajados en asesinato u homicidio, no como feminicidio.

¿Y qué es el feminicidio? Muy bien lo explica en sus redes sociales el abogado e influencer Juan José Castro: “Es todo delito que se da en el marco de la violencia machista, donde los agresores pretenden imponer sus roles de género, no es lo mismo que maten a un hombre en un atraco que a una mujer por ser mujer”; es un delito autónomo, cuyo fin es el de abordar de manera diferencial las violencias basadas en género y el asesinato de mujeres por la condición de serlo o por su identidad de género.

Entonces, ya con todo esto, si eres de los que comenta en redes, o con amigos y cercanos ante un hecho de feminicidio del cual no conoces nada y no tienes nada que aportar, hazlo con responsabilidad, o en el mejor de los casos, no comentes, no juzgues, ninguna mujer quiere ser maltratada, golpeada, abusada, violada o asesinada, ninguna mujer quiere que la persona en quien confía, sea su pareja sentimental, su ex o algún familiar, amigo, vecino le cause daño. Ninguna buscamos que nos agreden por como vayamos vestidas, por lo que hablemos, por lo que hayamos tomado o consumido. Claramente no nos matan por bonitas, por adultas, por niñas, el feminicidio se da para cualquier mujer, puede ser el resultado de la planificación meticulosa de un sádico o psicópata, aunque también es probable que sea una mala decisión de la que la persona se arrepiente inmediatamente y que la persigue para el resto de su vida (de estos son pocos los casos conocidos). Seamos responsables, pensemos siempre en cómo nos sentiríamos si esa niña o esa mujer fuese alguien a quien amamos, evitemos revictimizar las familias, seamos empáticos que su dolor ya es demasiado grande como para atizar esa herida con lo que podamos decir al respecto.