martes, febrero 27, 2024
Opinión

Tibieza en el escenario: Rodrigo Lara Sánchez y sus elecciones sin ritmo

Por: Carlos Oyola

¡Ah!, la tibieza. Esa característica curiosa de quien no se lanza a la piscina, pero quiere nadar en ella. Hablamos de esos políticos que, en lugar de tomar una posición firme, prefieren el baile del cha-cha-chá, adelante y atrás, sin saber realmente hacia dónde van. Y si hay alguien que lleva el ritmo en las venas, ese es Rodrigo Lara Sánchez, el candidato a la Gobernación del Huila.

Rodrigo empezó sus andanzas en la escuela de baile ‘Compromiso Ciudadano’, bajo la batuta de Sergio Fajardo (a quien muchos llaman “el rey de los tibios”). Y, aunque sufrió derrotas al compás de las melodías verdes, siguió insistiendo (recordemos sus fallidas candidatura al senado de 2010 y alcaldía de Neiva 2011). Siguió insistiendo hasta que por fin lo logró, no con votos propios, fue con ese voto castigo a Gorky Muñoz (vendieron la idea de “La mejor hoja de vida” -preferible un médico a un maestro de obra-) y con eso consiguió el puesto de alcalde.

Pero su gestión fue, bueno, una especie de vals lento en el que no pasaba mucho. Recordemos ese momento épico en que el estadio Plazas Alcid se desplomó. Rodrigo, fiel a su estilo, eligió esquivar el problema con la elegancia de un torero, dejando la faena para su sucesor. Si tuviéramos que elegir un baile representativo, sería el del avestruz: aquel que esconde la cabeza en la tierra esperando que los problemas desaparezcan.

Y fue por tibio, por no hacer nada, por no buscar una solución expedita, que terminó inmerso en el proceso penal que busca establecer responsabilidades en el grave siniestro, en que hasta muertos dejó.

Ahora, en una pirueta digna de una competencia olímpica, nuestro bailarín preferido decidió cambiar la melodía verde por la potente batería de Uribe, el exsenador Ernesto Macías (el de las jugaditas, quien hoy gerencia y guía su campaña en cuerpo ajeno) y sus amigos, Lara Sánchez se convirtió en fórmula vicepresidencial de Federico Gutiérrez, otro personaje cuya trayectoria está, digamos, llena de «notas altas» (cuestionado exalcalde de Medellín, investigado por temas de paramilitarismo), y así se posicionó Lara Sánchez en un espectro ideológico opuesto al que juró defender años atrás.

¿Qué pasó ahí? Fue la pregunta de muchos huilenses que con ese salto de ballet ratificaron la tibieza y falta de carácter político de Lara, quien como destacado bailarín, saltó de la ‘centro izquierda’ a la derecha (la que usó para hacerse elegir a la alcaldía con partidos como la UP, el de Piedad Córdoba, entre otros), dejando de lado el discurso verde para hablar de la “mano firme y el corazón grande”.

El Huila, con su paladar refinado, decidió que no le gustaba este baile tan confuso y le dio la espalda en las urnas, una bofetada electoral del departamento que no está dispuesto a tolerar incoherencias ¿El resultado? la tercera votación en su tierra, muy por debajo de Rodolfo Hernández y el hoy ganador, presidente Gustavo Petro. Lara, entre tanto, sigue moviéndose al ritmo que le ponen, dejando atrás su pasado de derecha y buscando refugio nuevamente en los brazos verdes. Es como esa novela de televisión donde nadie sabe con quién terminará el protagonista.

Y lo más delicioso de esta danza es su galería de amigos, a quienes oculta como quien esconde a su amante. ¿Quién necesita enemigos con amigos como Ernesto Macías (el de las jugaditas), Hernán Andrade (el procesado por el escándalo de la liquidada Dirección de Estupefacientes), Martha Lucía Ramírez (familia investigada por nexos con el narcotráfico) y Federico Gutiérrez (su nuevo mejor amigo, quien le está financiando parte de su campaña con dineros que ojalá no sean de la Oficina de Envigado)?

Para rematar, su tibieza también abarca el ámbito moral: se viste de médico para las entrevistas, como si el uniforme limpiara su historial, y recibe un jugoso salario de varias decenas de millones del Hospital Universitario de Neiva ‘Hernando Moncaleano Perdomo’ lo que de paso lo inhabilita.

Queridos lectores, prepárense para el próximo capítulo de esta novela, donde revelaremos cómo los amigos (secretarios) de Lara hicieron su agosto enriqueciéndose en la alcaldía de Neiva, mientras él bailaba al son que le tocaran. Porque, después de todo, ¿qué es la política sino un eterno baile sin fin?

Carlos Oyola
Ingeniero de Sistemas y Computación y estudiante de la Maestría en Ingeniería de Información - Universidad de Los Andes